miércoles, 23 de marzo de 2011

Quién controla las agencias de Control Nuclear (Stephen Leahy - IPS, Tierramérica)



UXBRIDGE, Canadá, mar (Tierramérica) - Mientras Japón afronta un accidente nuclear que puede ser el peor de la historia, parece evidente que cualquier debate sobre la seguridad de la energía atómica debería abordar la independencia de los organismos reguladores.

El 26 de abril de 1986 varios incendios y explosiones en la central nuclear ucraniana de Chernobyl liberaron material radiactivo que se expandió sobre Europa oriental y occidental, especialmente en la propia Ucrania, Bielorrusia (hoy Belarús) y Rusia, entonces repúblicas soviéticas.
Veinticinco años después, el reactor número cuatro de Chernobyl continúa emitiendo radiactividad pese a que está sepultado bajo una gruesa pero deteriorada cubierta de hormigón armado.

Europa y Estados Unidos intentan recaudar más de 2.000 millones de dólares para construir un sarcófago permanente que contenga la radiación.

El desastre de Chernobyl suele ser atribuido a tecnología obsoleta y a la opacidad característica del régimen soviético.

El accidente en la central japonesa de Fukushima I, operada por la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio (Tepco), se desencadenó por los daños que le causaron el terremoto de nueve grados en la escala de Richter y el inmediato tsunami del 11 de este mes. Pero "Tepco no tiene los mejores antecedentes de seguridad o de transparencia en la información", dijo Mycle Schneider, analista de políticas energéticas y nucleares radicado en París que trabaja habitualmente en Japón.

En 2002 se descubrió que Tepco falsificaba información sobre seguridad y la empresa fue obligada a cerrar sus 17 reactores, incluidos los de la central de Fukushima I, ubicada unos 240 kilómetros al norte de Tokio, en el este del país, sobre el océano Pacífico.

Ejecutivos de Tepco admitieron haber presentado unos 200 informes técnicos con datos falsos en las dos décadas anteriores. La maniobra quedó expuesta porque un ingeniero nuclear estadounidense que trabajaba en la empresa la dio a conocer, dijo Schneider a Tierramérica.

En 2007, un terremoto de 6,6 grados obligó a Tepco a clausurar los siete reactores de la central nuclear más grande del mundo, ubicada en la costa oeste de Japón. La planta de Kashiwazaki-Kariwa se cerró por 21 meses para realizar reparaciones y pruebas antisísmicas adicionales. Sólo cuatro de sus reactores volvieron a operar.

"No hay un solo lugar de Japón que no sea propenso a los terremotos", dijo Schneider.

Japón obtiene un tercio de su electricidad de 55 reactores nucleares, lo que lo coloca tercero luego de Francia, con 59, y de Estados Unidos, con unos 100. Japón no tiene petróleo, gas natura ni carbón y es un gran consumidor de energía. El país planea construir otros 15 reactores.

Otras instalaciones atómicas japonesas han experimentado fallas.

En 2004, un accidente mató a cinco trabajadores. En 1996, otro provocó una lluvia radiactiva que alcanzó los suburbios del nororiente de Tokio, pero tuvo poca repercusión pues el gobierno prohibió a los medios divulgar la información, sostuvo el periodista Yoichi Shimatsu, ex editor de The Japan Times Weekly, en un artículo publicado en The 4th Media.

Los ambientalistas japoneses protestan desde hace tiempo por regulaciones estatales inapropiadas y la cultura de la industria nuclear de encubrir sus errores.

El problema es que las empresas de energía nuclear como Tepco y las agencias reguladoras del gobierno son "esencialmente lo mismo", dijo a Tierramérica el presidente de la no gubernamental Coalición Canadiense para la Responsabilidad Nuclear, Gordon Edwards.

Esa situación se repite en Japón, en Canadá, Estados Unidos y en otros países, planteó Edwards.

"Hay pocos expertos nucleares independientes en el mundo. Todos trabajan para la industria, o lo hicieron antes y ahora son reguladores", señaló.

Canadá tiene una gran industria nuclear de propiedad estatal, con 17 reactores que aportan 15 por ciento de la electricidad del país.

El gobierno canadiense ha vendido reactores Candu a varios países, entre ellos Argentina y, más recientemente, China.

Las plantas nucleares de Canadá han sido objeto de múltiples reparaciones, todas ellas costosas, y también de clausuras, principalmente por filtraciones. Aunque no hubo víctimas fatales, pero los costos de reparación ascienden a miles de millones de dólares.

La industria y las agencias de fiscalización no tienen interés en educar al público o a los gobernantes, dijo Edwards. "Nunca explican que la radiactividad no es algo que puede apagarse. No explican que incluso cuando se clausura un reactor éste sigue generando una enorme cantidad de calor que debe eliminarse para impedir la fusión del combustible", destacó.

Un claro ejemplo es el reactor número cuatro de Fukushima I, que estaba clausurado desde diciembre. Pero el combustible ya usado sumergido en las piscinas de almacenamiento comenzó a recalentarse cuando el sistema de refrigeración dejó de funcionar por el terremoto.

Para John Luxat, experto en seguridad nuclear de la Universidad McMaster, cerca de Toronto, los edificios de Fukushima resistieron bien, pero hubo un problema con el generador eléctrico que debía alimentar el sistema de enfriamiento.

Canadá tiene una importante reguladora, que es la Comisión Canadiense de Seguridad Nuclear (CNSC, por sus siglas en inglés), señaló Luxat a Tierramérica, encargada de hacer cumplir las normas.

Para dirigirla, el gobierno designa a expertos de la industria y de otros sectores. Toda nueva norma eleva considerablemente los costos, admitió Luxat, quien trabajó en la industria nuclear canadiense.

"En 2008, cuando la presidenta de la CNSC (Linda Keen) intentó poner las regulaciones canadienses en línea con los estándares internacionales, el gobierno la destituyó", dijo a Tierramérica el analista nuclear de Greenpeace Canadá, Shawn-Patrick Stensil.

Uno de los cambios que Keen promovió fue ordenar el uso de generadores de respaldo alimentados a gasóleo en caso de que se presentara una falla eléctrica tras un terremoto, añadió.

"La independencia de la Comisión quedó comprometida con la designación de un presidente favorable a la industria nuclear", sostuvo.

La CNSC y la industria se niegan a divulgar sus estudios sobre seguridad para que los evalúen colegas independientes, argumentando que es demasiado riesgoso hacerlos públicos, dijo Stensil.

"La industria siempre exagera la seguridad y los beneficios y subdeclara los costos y los riesgos", dijo a Tierramérica Mark Mattson, de la organización no gubernamental Lake Ontario Waterkeeper.

"Es imposible conseguir que aporten evidencias que sostengan sus argumentos", dijo.

La mayoría de los reactores nucleares de Canadá se encuentran en la región del Gran Toronto, en el este del país, donde viven casi seis millones de personas.

A fines de este mes, se celebrarán audiencias públicas para discutir la construcción de dos reactores más, aunque la decisión de construirlos ya se tomó en la esfera política, señaló Mattson.

"En realidad no necesitamos esa energía adicional. El único motivo por el que esto sigue adelante es para fomentar la industria", dijo.

jueves, 17 de marzo de 2011

Desastre nuclear en Japón despierta a Francia (J. Godoy-IPS)



Desastre nuclear en Japón despierta a Francia
Por Julio Godoy

PARÍS, 17 mar (IPS) - La mayoría de los franceses no se planteaban si los 58 reactores nucleares del país eran lo bastante seguros como para seguir operando varios años más hasta que Japón comenzó a tener problemas en las centrales de Fukushima.

La ciudadanía ignoraba las pruebas manejadas por activistas, quienes, pese a la indiferencia general, siguieron cavando en las inconmensurables complejidades de la burocracia francesa en materia energética para encontrar la verdad sobre la precariedad de las plantas nucleares.

Tras la catástrofe nuclear japonesa, hasta el más estoico de los franceses comenzó a reflexionar sobre la posibilidad de que el país esté al borde del desastre.

No se han hecho encuestas de opinión representativas, pero tras conocerse las explosiones en la central nuclear de la prefectura de Fukushima, una cantidad sustancial de personas consultadas por algunos periódicos dijeron estar a favor de una política menos dependiente de la energía atómica.

La prensa conservadora, a favor las centrales nucleares, reveló el jueves que el año pasado hubo 1.000 accidentes de distinta intensidad en los complejos atómicos del país.

Los datos oficiales figuran en un informe sobre seguridad en las centrales de Francia que será presentado al parlamento en abril. El documento elaborado por la Agencia de Seguridad Nuclear debía ser confidencial, pero tomó estado público luego de lo ocurrido en Japón tras terremoto de nueve gados en la escala Richter y el posterior tsunami.

Francia es el país europeo con más centrales nucleares en funcionamiento y el que más depende de esa fuente de energía en el mundo.

Los 58 reactores generan 80 por ciento de la electricidad consumida. La densidad de su ubicación es tal que nadie puede estar nunca a más de 300 kilómetros de un reactor.

La gran cantidad de accidentes en las centrales atómicas no son nada nuevo para los activistas franceses. La mitad de las plantas tienen más de 25 años, dijo a IPS el presidente del Observatorio de Energía Nuclear, Stéphane Lhomme.

"La mitad de los reactores están por llegar al final de su vida útil y padecen los problemas de la edad", indicó.

Numerosos reactores sufren, además, de "defectos de diseño", que regularmente causan anomalías técnicas, explicó Lhomme. "Francia estuvo varias veces al borde de un desastre nuclear en los últimos 10 años", aseguró.

Cuando el huracán Martin azotó la sudoccidental costa atlántica de Francia en diciembre de 1999, la planta nuclear de Blayais, cerca de la ciudad de Bordeaux, se inundó de agua de mar y debió permanecer cerrada varios días. "Estuvimos cerca de una catástrofe", recordó Lhomme.

Una grieta en el sistema de enfriamiento de la central de Civaux, en mayo de 1998, ocasionó una gran filtración radioactiva que estuvo varias horas fuera de control. La planta permaneció cerrada 10 meses.

Varias centrales francesas están ubicadas en zonas sísmicas, indicó Lhomme. "El riesgo de un terremoto de la intensidad del de Japón es bajo en Francia, pero nuestras plantas son más frágiles que las de los japoneses", apuntó.

La central más antigua de Francia, en Fessenheim, cerca de la frontera con Alemania y Suiza, está en "una zona de mucha actividad sísmica y cerca de un río". Tuvo numerosos problemas técnicos, la mayoría en sus sistemas de enfriamiento, y debió permanecer cerrada cuando 50 metros cúbicos de gas radioactivo se filtraron a la atmósfera, añadió.

No parece que Francia vaya a disminuir su dependencia en la energía nuclear en el futuro cercano, pese a la amplitud de pruebas sobre los defectos técnicos.

"Todos los partidos políticos defienden esa fuente de energía y están vinculados de una forma u otra al complejo industrial. Francia no tiene otra alternativa", explicó.

No sorprende que el gobierno francés haya tratado de minimizar la dimensión de la crisis japonesa. La explosión en Fukushima "no fue una catástrofe", declaró al principio el ministro de Energía, Eric Besson. Luego se corrigió y dijo que se "había vuelto una pesadilla".

"Es legítimo un debate sobre energía nuclear en Francia, pero no indispensable. Sigo creyendo en su uso con fines civiles", añadió Besson.

La oposición llamó a realizar un referendo sobre el uso de la energía nuclear. Los dirigentes del Partido Verde sugirieron eliminarla en 25 años.

El primer ministro francés François Fillon tildó de "absurda" la conclusión a la que llegaron periódicos y ambientalistas de que "tras el accidente de Fukushima la energía nuclear estaba condenada definitivamente".

El gobierno anunció que controlaría la seguridad de todas las plantas operativas.

La primera medida que Francia puede tomar para reducir su dependencia en la energía nuclear es disminuir el "descuidado consumo eléctrico", sostuvo Lhomme. "Ahorraríamos una gran cantidad si aisláramos mejor las casas y los edificios y dejáramos de calentarlas con electricidad", añadió.

Ochenta por ciento de los hogares franceses usan radiadores eléctricos.

"Es la consecuencia de la connivencia entre el proveedor estatal monopólico Eléctricité de France, y la industria de la construcción, que no instala gas ni otros sistemas de calefacción en las viviendas", explicó Lhomme.

Francia podría abandonar la energía nuclear en 2035 si implementa un política basada en la eficiencia energética, para reducir el consumo innecesario, y en un programa masivo para usar fuentes renovables, en especial la eólica y la solar, según négaWatt, asociación de 350 especialistas.

"En 2035 podríamos cerrar todas las plantas nucleares y sólo depender de generadores geotérmicos e hidroeléctricos de menor escala, grandes parques con turbinas eólicas, estructuras fotovoltaicas y unidades de biomasa, y tener suficiente energía para satisfacer los requerimiento eléctricos del país", dijo a IPS el director de négaWatt, Thierry Salomon.

Francia consumiría en 2050 el doble de electricidad que ahora y podría no necesitar la energía nuclear, según Salomon. "No volveremos a usar velas ni necesitaremos de centrales atómicas", añadió.

lunes, 14 de marzo de 2011

Convulsión por el uso de la energía nuclear (notimex)

Dallas, 14 Mar (Notimex).- El terremoto del pasado viernes en Japón no sólo estremeció el territorio de esa nación oriental, sino que también convulsionó la viabilidad del uso de la energía nuclear en el mundo.

El fuerte sismo de 9.0 grados Richter provocó daños en al menos tres plantas nucleares del norte de Japón y dejó paralizadas otras 11 de las 55 instalaciones de ese tipo en el país asiático.

Este hecho amenaza con derrumbar los múltiples proyectos nucleares que comenzaban a resurgir en Estados Unidos y en otros países, y frena una vez más el desarrollo de este tipo de energía.

Ante temores desatados por la crisis en Japón, este lunes Alemania y Suecia anunciaron que aumentaran las medidas de seguridad de sus reactores nucleares y posiblemente reducirán su dependencia.

En Estados Unidos, los sucesos en Japón podrían descarrilar los proyectos de unas 16 compañías que muestran interés en construir nuevas plantas nucleares, algunas de las cuales ya emitieron anuncios formales de dichos planes.

En Texas, lo ocurrido esta semana amenaza con aniquilar un proyecto de 10 mil millones de dólares de la compañía NRG Energy, para expandir su planta nuclear en Bay City, Texas, con dos nuevos reactores.

Analistas de Barclays advirtieron que la presión por lo registrado en Japón, podría marcar para NRG Energy el final de la garantía de crédito otorgada este mes por el Departamento de Energía de Estados Unidos, lo que podría conducir a una cancelación en el corto plazo.

Los problemas nucleares provocados por el terremoto en Japón ocurren cuando parecían rebasadas las preocupaciones de seguridad y varias naciones se aprestaban a darle una segunda oportunidad a la energía nuclear como una vía viable para la producción de electricidad.

Ante los actuales temores sobre el calentamiento global y elevados costos del gas natural, la imagen de las plantas nucleares orientadas a la generación de electricidad empezaba a cambiar en las distintas sociedades del mundo.

Múltiples voces han dicho que ante los altos costos de la energía, la vía nuclear constituye una fuente sustentable y viable de menor impacto en el medio ambiente.

Algunos promotores de la energía nuclear proceden de grupos ambientalistas como, Patrick Moore, co fundador de Greenpeace, quien sostiene que esta vía es una opción cuyos beneficios superan sus riesgos potenciales.

Durante más de 30 años tras el accidente en la planta de "Three Mile Island" en Pensilvania en 1979 y el posterior incidente de 1986 en la planta de Chernobyl en Ucrania, Estados Unidos y otros países congelaron la construcción de plantas y el desarrollo de este tipo de energía.

Estados Unidos no ha construido ninguna planta nuclear desde hace más de 35 años y su número se ha mantenido reducido a 104.

En el mundo hay 440 plantas nucleares comerciales en 30 países, que proveen 14 por ciento de la energía eléctrica que se consume en el planeta.

Estados Unidos, con 104 plantas nucleares, Francia con 59 y Japón con 55, encabezan a las naciones con más reactores en el mundo, de acuerdo con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

Seguido de Rusia, Corea del Sur, Alemania, Canadá, Ucrania, China y Suecia, en la lista de los primeros 10 países que más utilizan este tipo de energía.

domingo, 6 de marzo de 2011

Dependencia energética española (Javier González N. - El País)



La dependencia energética de España supera el 70%, casi el doble que el resto de la Unión Europea. Donde se hace más patente esta situación es en los hidrocarburos, ya que nuestro país se ve obligado a importar prácticamente el 100% del petróleo y del gas natural que se consume.

El año pasado, se consumieron en España 67,10 millones de toneladas de productos petrolíferos, según Cores, organismo del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio. De esa cantidad, solo 122.000 toneladas se extrajeron en la Península, la mayoría en aguas del Mediterráneo frente a Tarragona, en los yacimientos «Casablanca» y «Boquerón». Es decir, que la producción de petróleo de nuestro país únicamente cubrió el 0,18% de las necesidades. Esas 122.000 toneladas de crudo se «las traga» en un solo día cualquiera de nuestras refinerías.

Algo parecido sucede con el gas natural, cuyo consumo en España en 2010 fue de 404.042 GWh. En este caso, los 664 GWh que se producen aquí cubren aún menos la demanda total, en concreto, el 0,16%. Esa cantidad equivale al consumo de 90.000 viviendas durante un año.

Los pagos por la compra de crudo que realizaron las compañías que trabajan en nuestro país sumó 20.405 millones de euros entre enero y noviembre de 2010, último dato de Aduanas recogido por Cores. A esa cifra habría que añadir otros 39.506 millones por las importaciones de productos petrolíferos en el mismo periodo, como gasóleos, querosenos, fuelóleos, etc... y restar 8.520 millones ingresados por las exportaciones de otros combustibles, sobre todo gasolinas. Por lo tanto, tenemos un saldo negativo que supera los 51.000 millones de euros.

Las importaciones de crudo procedieron en un 60% de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) y un 40% del resto. El origen está muy repartido, fundamentalmente por motivos de seguridad, siendo Irán (14,6% del total), Libia (13%), Rusia (12,7%), Arabia Saudí (12,5%) y Nigeria (10,6%) nuestros principales proveedores.

La factura de gas natural se elevó a 6.976 millones de euros en los once primeros meses de 2010. En este caso, no existen exportaciones. Entre los países que nos venden el gas destaca Argelia, con un 36,6% del total. El 60% de ese porcentaje nos llega a través del gasoducto del Magreb (cruza el estrecho) y el 40% en metaneros (barcos que transportan el gas en estado líquido). Nigeria fue el segundo mayor proveedor de gas en 2010, según Cores, con el 18,8%, seguido de Qatar, con el 15,9%.