sábado, 13 de marzo de 2010

Transporte del Gas (Dr. Andrés Matas Axpe)

Entre las grandes transformaciones que en forma lenta pero segura se están produciendo en el sector energía en el mundo, hay que colocar en un sitial elevado los avances en el transporte de gas natural.

La gran limitación del uso del gas natural como combustible ha sido la necesidad de movilizar grandes volúmenes del mismo, lo que requiere disponer de complejas redes de tuberías. Esta característica lo hermana con la electricidad como las dos formas de energía a las que se accede mediante redes y hace que compartan características comunes como la de ser monopolios naturales, requerir grandes inversiones iniciales y la necesidad de largos períodos para recuperar el capital.

Por estas razones el gas no fue, ni es todavía, un commodity como el petróleo, que puede ser transado libremente en un mercado abierto. El comercio internacional de gas siempre ha estado ligado a un acuerdo a largo plazo entre las partes, en el que se definen responsabilidades compartidas en cuanto a inversiones, cantidades a transar, condiciones de suministro y precios. Al principio la única forma de transporte eran gasoductos, pero luego se introdujo el comercio en forma de gas natural licuado (GNL).

Pero esta modalidad mantenía las mismas características, se requería una planta licuefactora en el país de origen, una flota de sofisticados barcos metaneros y una planta regasificadora en el país de destino, lo que hacía que el proyecto necesitara una gran inversión y un acuerdo a largo plazo entre las partes.

Sin embargo, estas condiciones están cambiando a gran velocidad en los últimos años. Los costos de las tres fases (licuado, transporte y regasificación) han bajado de manera sustancial. Los barcos metaneros, que hace una década costaban unos US$ 250 millones para una capacidad de 130 mil metros cúbicos (M3), hoy cuestan US$ 150 MM y siguen bajando hasta acercarse a US$ 100 MM. Al mismo tiempo aumenta el volumen transportado y ya se habla de capacidades de 200 mil M3.

Pero la gran revolución se está dando en las plantas regasificadoras. Desde las originales, que se instalaban en terrenos cercanos al puerto de atraque de los barcos metaneros, se ha evolucionado primero hacia plantas flotantes que se instalan en el mar, cerca de la costa.

Pero después se ha evolucionado hacia barcos que funcionan como una factoría flotante que regasifica el gas natural (Floating Storage Regasification Unit, por sus siglas en inglés FSRU). Estos barcos-fábrica se anclan en un muelle cerca de la costa, donde permanecerán por 25 años, y se conectan a la red de gas a través de tuberías submarinas.

Así se estandariza la planta reduciendo los costos de construcción, pero sobre todo se reduce drásticamente el tiempo de construcción. Al mismo tiempo se gana en flexibilidad, ya que ante cualquier cambio en las condiciones se puede mover la planta hacia otro sitio donde sea más necesaria.

Un buen ejemplo se puede ver en Brasil, donde se están instalando (anclando) dos de estas factorías. Una en la bahía de Guanabara, en Rio de Janeiro, y otra en el norteño estado de Ceará.

Lo interesante es que, a pesar de que acaban de lograr los permisos ambientales, piensan tenerlas en servicio en 2008. Brasil sigue haciendo esfuerzos de exploración en la cuenca de Campos, cerca de Rio, de modo que si mañana logran aumentar el suministro propio de gas se pueden llevar la planta a otra parte.

El GNL le está ganando la pelea a los gasoductos en el transporte de gas a grandes distancias. Sin duda estos avances representan un gran paso hacia la conversión del gas natural en un commodity, cosa que sin duda llegará muy pronto, potenciando el uso de este combustible dentro de la matriz energética.

jueves, 11 de marzo de 2010

La solución eólica (Dr. Andrés Matas Axpe).

Cuando se observan las necesidades de generación eléctrica que habrá que satisfacer en el mediano plazo en el país, digamos en los próximos cinco años, la tarea luce tan titánica que mete miedo.

Hay que instalar al menos 1.000 MW por año, cifra que ya ha sido tan mentada, inclusive por los propios responsables de instalar las centrales, que no queda ninguna duda de que se entiende su magnitud. Sin embargo, cuando se miran las acciones que se toman, uno empieza a pensar que no se ha comprendido la tarea y que a los responsables les queda grande.

Una cosa que preocupa es observar a tantos profesionales capaces, tanto en el MEP como en las empresas públicas del sector eléctrico, trabajando en la posibilidad de instalar turbogeneradores eólicos en varias zonas del país. Ciertamente, en Europa la energía eólica ha tenido un impulso impresionante en los primeros años del siglo XXI. Particularmente Alemania y España han hecho grandes avances en ese sentido. Alemania es el líder de Europa y del mundo en capacidad instalada movida por el viento, con más de 20 GW, y España le sigue de lejos en el segundo lugar con 10 GW.

Pero hay una diferencia fundamental entre esos países y Venezuela. Allí los turbogeneradores de viento se instalan para ahorrar combustible y avanzar en una transición hacia energías renovables; por el contrario, aquí se está requiriendo con urgencia capacidad instalada nueva para atender a nuestras necesidades. Hay que entender que la energía eólica no se puede considerar firme, vale decir, garantizada, por la sencilla razón de que la disponibilidad del combustible depende de la naturaleza y escapa del control de los planificadores.

Para poner un ejemplo, en España la capacidad instalada eólica en el año 2005 alcanzó los 10 GW, está es una potencia equivalente a la capacidad de la central de Guri. Sin embargo, Guri generó en 49 TWh en el año 2005, mientras que todo el parque eólico español produjo 20 TWh. La diferencia tiene una explicación muy simple, la continuidad del viento que alimentó al parque eólico español no puede compararse con la del agua del Caroní que alimentó a la central de Guri.

Hay que decir, por añadidura, que los países europeos han hecho estudios de los vientos en sus países desde hace muchos años, mientras en Venezuela carecemos de los mismos. Con todo, ellos aprovechan los vientos cuando vienen y cuando no hay viento poseen un parque convencional para atender sus necesidades.

En el caso nuestro resulta imperioso ampliar el parque convencional, ya que en la actualidad es insuficiente y estamos viviendo de la capacidad de almacenamiento del río Caroní, que nos proporciona unos excedentes no garantizados y que se agotarán en lo que se produzca un año seco.

Por eso preocupa que se asignen tantos recursos a la instalación de capacidad eólica en el momento actual, cuando debíamos concentrarnos en nuestros problemas de corto plazo. Eso no significa que se abandonen las energías renovables. Lo fundamental es realizar un estudio serio de los vientos en el país para determinar las áreas en las que será factible complementar la generación convencional con un moderno parque eólico en el futuro.

Pero en la actualidad, ante los imperiosos problemas inmediatos que enfrentamos, lo que se impone es implorarle a nuestras autoridades ¡Por favor, dedíquense a instalar las plantas térmicas convencionales que necesitamos y a conseguir el combustible para moverlas! (Tomado de Correo del Caroní, 04/05/2006).-